El Hollín Agrícola De Bella Unión Que Contamina El Río Uruguay
Cosecha en verde para la sostenibilidad ambiental y evitar la quema de caña de azúcar

Cosecha en verde para la sostenibilidad ambiental y evitar la quema de caña de azúcar
29/09/2026 |

Hace 80 años que Monte Caseros, ubicada en el sur de Corrientes sobre el Río Uruguay sufre la lluvia de cenizas de la quema de la producción de caña de azúcar en Bella Unión, Uruguay, una manera arcaica de cosechar y contaminar el agua de tres ríos Uruguay, Miriñay y Quareim el aire de la región transfronteriza.

 

Mientras que Argentina, Brasil y Australia llevan adelante la cosecha en verde de caña de azúcar —también conocida como cosechado sin quema — es el método dominante y altamente mecanizado utilizado en estos países. Consiste en cortar el cultivo directamente en su estado vivo, eliminando el uso tradicional del fuego que se empleaba para facilitar el acceso manual a la planta.

Funcionamiento del proceso

El sistema consiste en el Corte basal y despunte donde una cosechadora combinada avanza por las hileras de caña. La máquina realiza un corte a ras del suelo (corte basal) para aprovechar al máximo la materia prima y, al mismo tiempo, corta la parte superior verde (cogollo).

Luego realizan la separación de la materia vegetativa, dentro de la cosechadora, un sistema neumático de extractores (ventiladores) sopla y separa las hojas secas y los restos vegetales del tallo de la caña.

A partir de allí los tallos limpios se trocean en pedazos cortos y se descargan mediante un elevador directamente en un camión o vagón de transporte (transbordo) que circula en paralelo a la máquina.

Mientras que la materia orgánica remanente (hojas y vegetación sobrante) es devuelta y triturada sobre el suelo.

Beneficios principales

Con este proceso logran la sostenibilidad ambiental eliminando la emisión de humo, cenizas y gases de efecto invernadero asociados a la quema de cañaverales.

Logran la conservación del suelo ya que el rastrojo depositado actúa como una cobertura protectora (mulch), lo que ayuda a retener la humedad, previene la erosión y aporta materia orgánica que mejora la fertilidad del suelo.

A su vez logran el aprovechamiento energético: Gran parte de la biomasa remanente se utiliza en los ingenios azucareros para la generación de energía eléctrica limpia y biocombustibles como el bioetanol.

La contaminación en el ecosistema

La "lluvia de cenizas" y la dispersión constante de hollín proveniente de la quema de caña de azúcar no solo impactan los cursos de agua y la fauna silvestre, sino que también generan un daño directo e indirecto sobre los árboles, tanto en las zonas rurales circundantes como en el arbolado urbano de las ciudades vecinas.

Las principales formas en que este fenómeno afecta a la flora arbórea se manifiestan a través de los siguientes mecanismos: Obstrucción foliar y bloqueo de la fotosíntesis. Las partículas finas de carbón y ceniza que viajan con el viento se depositan en gran cantidad sobre el haz y el envés de las hojas del arbolado urbano. Esta capa opaca actúa como una pantalla física que bloquea la radiación solar.

Obstrucción de estomas: Las estomas son los pequeños poros que tienen las hojas para respirar y realizar el intercambio de gases (absorber dióxido de carbono y liberar oxígeno). El hollín fino los obstruye mecánicamente, lo que asfixia parcialmente al árbol, reduce drásticamente su capacidad fotosintética y disminuye su tasa de crecimiento y vigor.

 Alteración del suelo y estrés químico radicular

En este aspecto el cambio en el pH del suelo urbano: Cuando las cenizas depositadas sobre las calles y veredas son lavadas por las lluvias o el riego y escurren hacia las cazuelas (bases) de los árboles, modifican la química del suelo. Dependiendo de los componentes de la quema, suelen generar una alcalinidad excesiva o un desbalance de sales que dificulta la absorción de nutrientes esenciales (como el hierro, el fósforo o el nitrógeno).

Toxicidad por compuestos secundarios: Las cenizas de biomasa quemada a cielo abierto pueden arrastrar trazas de hidrocarburos o residuos químicos agrícolas que, al acumularse en el terreno circundante, intoxican las raíces finas encargadas de absorber el agua y los minerales.

Incremento de la vulnerabilidad ante plagas y enfermedades

Debilitamiento general: Un árbol que no puede realizar correctamente la fotosíntesis y que sufre estrés químico o respiratorio entra en un estado de debilitamiento crónico.Mayor susceptibilidad: Este estrés disminuye sus defensas naturales, volviéndolo un blanco mucho más propenso al ataque de hongos fitopatógenos, insectos plaga (como cochinillas o agalladores) y enfermedades secundarias que terminan desecando ramas o matando ejemplares enteros en la ciudad.

Deterioro de los servicios ecosistémicos urbanos

Pérdida de la función purificadora: El arbolado urbano cumple un rol fundamental filtrando los contaminantes del aire de la ciudad. Ironías de la dinámica ambiental, cuando el árbol mismo queda saturado y cubierto de hollín agrícola, su capacidad para limpiar el aire se reduce severamente.

Impacto visual y suciedad constante: Las ciudades situadas en las rutas de los vientos de quema sufren la acumulación de una pátina negruzca sobre los vehículos, viviendas, mobiliario urbano y hojas de los árboles, degradando la calidad ambiental y paisajística del entorno urbano.

 

Impacto sobre la fauna silvestre en entornos fluviales y de humedal

Las cenizas en suspensión y el material particulado fino (PM2.5 y PM10) penetran profundamente en el sistema respiratorio de aves, mamíferos y reptiles. Esto provoca inflamación pulmonar, asfixia en especies pequeñas y una merma significativa en la capacidad de resistencia física de la fauna ante depredadores.

Destrucción de hábitats de nidificación y refugio: Muchas aves acuáticas y terrestres, así como pequeños mamíferos (como coipos o carpinchos), anidan en los pajonales y pastizales ribereños. Las quemas arrasan de forma directa con sus nidos, huevos y crías, destruyendo los corredores biológicos donde se desplazan y reproducen.

Intoxicación por cadena trófica (Bioacumulación): Los contaminantes asociados a la combustión incompleta (como metales pesados y residuos de agroquímicos adheridos al hollín) ingresan al sistema hídrico y son absorbidos por los organismos filtradores y peces pequeños. A medida que ascienden en la cadena alimentaria —afectando a peces mayores, aves ictiófagas (como garzas y martines pescadores) y mamíferos carnívoros—, estas toxinas se acumulan en sus tejidos, mermando su éxito reproductivo y su sistema inmunológico.

Desplazamiento forzado y pérdida de orientación: El humo denso y la pérdida temporal del territorio obligan a la fauna a huir hacia zonas urbanas, rutas o áreas fragmentadas, incrementando drásticamente la mortalidad por atropellamientos o por la confrontación con actividades antrópicas.

Injerencia y riesgos para la salud humana

Las poblaciones urbanas y rurales ubicadas en las inmediaciones de las zonas de cultivo e ingenios azucareros enfrentan una exposición constante, tanto por vía respiratoria como a través del consumo de agua afectada:

Afecciones respiratorias y cardiovasculares: El material particulado fino de las cenizas volátiles actúa como un irritante potente de las vías aéreas. Su inhalación desencadena y exacerba cuadros de asma, bronquitis crónica, EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica) e incrementa las visitas a guardias médicas por crisis respiratorias, afectando con mayor severidad a niños y adultos mayores.

Contaminación del agua de consumo: En comunidades rurales o ribereñas que dependen de pozos someros, aljibes o sistemas de potabilización locales sin filtración avanzada, el arrastre de cenizas y lixiviados puede alterar la calidad organoléptica del agua (turbidez, olor, sabor) e introducir compuestos orgánicos disueltos y microorganismos patógenos derivados de la descomposición orgánica.

Problemas dermatológicos y oftálmicos: La caída de cenizas sobre la piel y el contacto con el agua contaminada durante actividades recreativas o de pesca generan irritaciones oculares (conjuntivitis) y dermatitis por la naturaleza alcalina o cáustica de ciertos subproductos de la combustión.

Estrés socioambiental y calidad de vida: La invasión constante de hollín en los hogares, la reducción de la visibilidad en caminos rurales y la preocupación por los efectos a largo plazo en la salud generan un impacto psicológico y social negativo en las comunidades locales.

La quema de residuos agrícolas en las plantaciones de caña de azúcar —así como la posterior deposición de sus subproductos y cenizas sobre los espejos de agua o arrastre por lluvias— genera un impacto ambiental severo en los ecosistemas acuáticos.

Los principales mecanismos de contaminación y afectación de los ríos se estructuran en varias dimensiones clave como la alteración química y carga orgánica. Modificación del pH y acidez: Los residuos de la combustión y las cenizas alteran la composición química natural del agua. Dependiendo de los subproductos industriales asociados (como los lixiviados o vertidos de destilerías), el agua puede sufrir desequilibrios significativos en su nivel de acidez.

Aporte masivo de materia orgánica: El material particulado y el hollín que caen sobre el agua representan una alta carga orgánica. Su descomposición microbiana consume de forma acelerada el oxígeno disuelto en el agua.

 

Toxicidad por hidrocarburos y elementos de combustión

 

Combustión incompleta: Las cenizas volátiles no son meramente carbón vegetal inocuo; contienen hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP) y otros compuestos tóxicos derivados de la quema de materia vegetal combinada a veces con trazas de agroquímicos.

Lixiviación: Al llover, las cenizas depositadas tanto en las riberas como en las superficies circundantes son lavadas y arrastradas hacia los arroyos y ríos, introduciendo metales y toxinas acumuladas que se disuelven en el sistema hídrico.

 

Impacto sobre la vida acuática y biodiversidad

 

Eutrofización y anoxia: La disminución drástica del oxígeno disuelto (provocada por el consumo de materia orgánica) genera condiciones de hipoxia o anoxia, lo que deriva en la mortandad masiva de peces y la destrucción de la flora nativa sumergida.

Destrucción del equilibrio ecológico: Al verse alterados los parámetros físico-químicos del agua, se interrumpen las cadenas tróficas locales, afectando desde los macroinvertebrados bentónicos hasta las aves y mamíferos que dependen directamente de la salud de ese ecosistema fluvial.

 

Pérdida de potabilidad

 El agua de los cursos afectados se vuelve inadecuada para el consumo humano, la recreación o las actividades productivas tradicionales, debido a la turbidez, la presencia de compuestos suspendidos y la carga tóxica disuelta.

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