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Barriles radiactivos en el Pacífico: el legado oculto de residuos industriales arrojados por Estados Unidos durante décadas
Entre las décadas de 1930 y 1970, Estados Unidos arrojó miles de barriles con residuos radiactivos, químicos industriales y relaves de refinería en zonas profundas del océano Pacífico, frente a la costa sur de California. La práctica, autorizada en aquel momento, se basaba en la idea de que las profundidades oceánicas actuarían como un medio de dilución permanente.
Los registros de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) identifican al menos 14 sitios oficiales de disposición, donde se depositaron materiales diversos: desde subproductos del refinado de petróleo hasta explosivos militares obsoletos. Los barriles, simples contenedores metálicos sin planificación de almacenamiento a largo plazo, permanecieron fuera del radar científico durante décadas.
Redescubrimiento y nuevas tecnologías
El interés público resurgió en 2020, cuando un informe del Los Angeles Times reveló imágenes submarinas de barriles corroídos y rodeados de manchas extrañas en el fondo marino.
Posteriormente, campañas del Instituto Scripps de Oceanografía (Universidad de California) en 2021 y 2023 identificaron aproximadamente 27.000 objetos compatibles con barriles y más de 100.000 piezas de escombros dispersos. Estos hallazgos confirmaron la magnitud del problema y plantearon nuevas preguntas sobre el contenido de los contenedores.
Hipótesis inicial: el DDT
Durante años se sospechó que muchos barriles contenían DDT, un pesticida prohibido por su persistencia ambiental y toxicidad. La presencia de halos blanquecinos en los sedimentos reforzó esta hipótesis.
Sin embargo, un estudio liderado por la microbióloga Johanna Gutleben en 2021, publicado en PNAS Nexus, analizó sedimentos cercanos a cinco barriles y concluyó que no había aumento de DDT, descartando que esos contenedores específicos fueran fuente directa del pesticida.
[barriles radiactivos]
Los barriles radiactivos en el océano Pacífico ocultan secretos.
Residuos alcalinos cáusticos
El hallazgo más alarmante fue la detección de pH extremadamente alto (12) en los sedimentos alrededor de tres barriles, un nivel hostil para la vida marina. El análisis mostró cantidades mínimas de ADN microbiano, indicando una reducción drástica de la biodiversidad microscópica.
Los investigadores concluyeron que los barriles contenían residuos alcalinos cáusticos, capaces de destruir materia orgánica, alterar la química del sedimento y liberar metales tóxicos. Estos residuos, en concentraciones similares a las medidas, serían letales para los humanos en caso de exposición directa.
Formación de los “halos blancos”
El equipo explicó que los halos visibles se forman cuando el material alcalino filtrado reacciona con el magnesio del agua de mar, generando brucita (hidróxido de magnesio). Este mineral crea una costra rígida que, al disolverse lentamente, mantiene el pH elevado y desencadena nuevas reacciones químicas, como la formación de carbonato de calcio.
Este proceso explica por qué los residuos persisten durante décadas en lugar de disolverse rápidamente.
Impacto ambiental y persistencia
Según el coautor Pablo Jensen, los residuos alcalinos deben considerarse contaminantes persistentes, con un impacto comparable al del DDT. Más de 50 años después, los efectos químicos siguen siendo detectables en el fondo oceánico, lo que sugiere que el legado de estos desechos industriales podría influir en el ecosistema durante siglos.
Incertidumbres y desafíos
Aún se desconoce:
El número total de barriles intactos.
Cuántos ya se han filtrado completamente.
Qué otros tipos de residuos están presentes.
Si los contaminantes entran en la cadena alimentaria.
Los investigadores estiman que un tercio de los barriles analizados presenta halos blancos, pero no está claro si esta proporción se mantendrá en nuevas áreas.
Cualquier estrategia de monitoreo o eliminación enfrenta enormes desafíos técnicos y financieros: la gran profundidad, la fragilidad de los barriles corroídos y el riesgo de liberar más contaminantes hacen de la intervención un dilema complejo.
El caso de los barriles radiactivos y químicos en el fondo del océano Pacífico expone un legado oculto de la industrialización y la defensa militar estadounidense. Aunque los avances tecnológicos permiten comprender mejor su impacto, las incertidumbres sobre su contenido y los riesgos de intervención muestran que este problema seguirá siendo un desafío ambiental y científico durante las próximas décadas.







