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Éxito de los Juegos Olímpicos 2016 y fracaso de los apocalípticos 

<p>Éxito de los Juegos Olímpicos 2016 y fracaso de los apocalípticos </p>
22/08/2016 |

Numerosos periodistas, de diversas latitudes, apostaron al fracaso de Río 2016: o por la contaminación o por la inseguridad o por la infraestructura incompleta o por la desorganización o por el zika. Pero lo cierto es que Río 2016 fue un éxito, en especial en el rubro que realmente importaba: el deportivo.

Por supuesto que Río de Janeiro tiene problemas, tantos como Brasil. Lo mágico de todo esto es que, pese a todo, ocurrieron Juegos Olímpicos inolvidables, con récords competitivos y con energía positiva.

por EDGAR MAINHARD

Por supuesto que hay una crisis político-económica e institucional en Brasil, y a los organizadores de Río 2016 esto les impidió tanto organizar una defensa mediática tal como era necesaria en cuanto a los rumores del zika o de la inseguridad, como explicar/impedir desde el misterioso verde en el agua de la piscina de clavados o acelerar la entrega por el contratista del tren subterráneo Línea 4 que lleva hasta el complejo deportivo en Tixuca. Por lo tanto, los Juegos Olímpicos en Río de Janeiro soportaron una paliza en términos de comunicación previa del evento.

No obstante, la llama no se apagó.

Pese a otros infortunios, tales como la exclusión de cientos de deportistas rusos por incumplir las reglas de la Agencia Mundial Antidoping (AMA) o por ser citados en el informe McLaren que acusa a Rusia de dopaje generalizado con el consentimiento del Estado (de 387 deportistas, faltaron 67 atletas, 22 remeros, 7 nadadores, 5 piragüistas y 4 ciclistas. El número quedó en 250).

¿Qué otra maldición faltaba para Río 2016?

“Los atletas extranjeros nadarán, literalmente, en mierda humana. Y estarán en riesgo de sufrir alguna enfermedad. Es triste y preocupante”, declaró al The New York Times el médico brasileño Daniel Becker, en un artículo publicado el 26/07 y titulado “Mantén tu boca cerrada: los deportistas olímpicos se enfrentan a un caldo tóxico en Río”.

Luego las delegaciones de Australia y Argentina mencionaron graves problemas con las instalaciones de la luz y el agua en la villa olímpica.

Algunos medios de comunicación brasileños hablaron de sabotajes por parte de los obreros que no habían cobrado sus salarios.

Comenzaron los tardíos e inútiles reproches acerca de otras sedes (Madrid y Chicago) que, en teoría, hubiesen garantizado una mejor infraestructura....

Los tenistas estadounidenses Bob y Mike Bryan (lograron el oro olímpico en Londres 2012 y suman 112 títulos juntos, incluidos 16 de grand slam) anunciaron que no irían a Río por el temor al Zika (¿ahora no viajarán más al estado de Florida?), igual que los tenistas checos Tomas Berdych y Karolina Pliskova, el canadiense Milos Raonic, y la rumana Simona Halep. Algo similar ocurrió con importantes jugadores de golf como el N°1 mundial, el australiano Jason Day; los estadounidenses Jordan Spieth y Dustin Johnson y el irlandés Rory McIlroy.

Tampoco asistieron a Río, por otros motivos, ni los basquetbolistas de la NBA, Stephen Curry y Lebron James ni el ciclista Alberto Contador ni el lesionado tenista Roger Federer.

También es verdad que muchos brasileros estaban con sus cabezas en otros temas: consecuencias de la recesión, juicio político a la débil presidente Dilma Rousseff, decisión de completar el mandato y no convocar a elecciones anticipadas del vicepresidente corrupto e impopular Michel Temer, noticias de corrupción... En ese contexto no fue una sorpresa que en muchos eventos hubieran asientos vacíos.

Para colmo, llovió en varias de las 16 jornadas, incluyendo la de la despedida en el estadio Maracaná.

Pero es cierto que las medallas de oro en fútbol masculino y en voley masculino restablecieron, hacia el final de los Juegos, la algarabía popular doméstica.

No obstante, en cualquier caso, los Juegos Olímpicos 2016 en Río fueron un éxito a escala planetaria:

> la organización fue eficiente y puntual,

> la infraestructura funcionó,

> la inseguridad no abundó y quienes tomaron los recaudos necesarios nunca la sufrieron,

> el zika fue más tema en Miami que en Río de Janeiro,

> el tren subterráneo anduvo de maravillas,

> el corredor de traslado para los turistas que debían ir al Estadio Olímpico (o sea que debían hacer trasbordo) también anduvo 10 puntos,

> no hubo problemas con entradas falsas, y

> en lo deportivo -que es lo que más importa en una gesta deportiva- todo fue sensacional.

Los Juegos Olímpicos como esencia del deporte en su máxima expresión, reflejo del espíritu de superación del ser humano, fueron reivindicados luego de 4 años de duro entrenamiento para una cita que siempre es histórica. Los íconos fueron Usain Bolt, Michael Phelps, Mo Farah... pero miles de otros atletas desconocidos que entregaron su sacrificio a destajo.

Las imágenes, difundidas en los teléfonos celulares, las tablets y las notebooks -los dispositivos móviles permiten gozar del streaming, del tiempo real, no hay que llegar a casa para sentarse frente al televisor- fueron las grandes aliadas de los Juegos para derrotar al pesimismo previo.

Pero también resultó muy certera la reflexión previa de Bob Boland, profesor de Leyes Deportivas en la Universidad de Ohio, durante un debate en la escuela de negocios Wharton (en la Universidad de Pensilvania): “Yo crecí con los juegos de Ciudad de México, con las grandes movilizaciones estudiantes de 1968; los de Múnich en 1972, con el atentado terrorista de Septiembre Negro, que asesinó a 11 atletas olímpicos israelíes; los de Montreal, con el boicot de 35 países africanos y China; y los de Moscú, en 1980, con el boicot de USA, Alemania Occidental, Canadá, Argentina, Chile, Japón, Turquía y Noruega. Tampoco China fue. En total faltaron 66 países”.

Boland agregó: “Todos estos Juegos sufrieron fallos de algún tipo; cuando no era el terrorismo, se trataba de protestas en la calle, o de problemas con la deuda pública. Ninguna de esas Olimpiadas ofrecía el gran beneficio que se suponía para el país anfitrión. Comercialmente, fueron a pérdida. Y los Juegos Olímpicos estuvieron en peligro cuando Los Ángeles y Pionyang (Corea del Norte) fueron los 2 únicos anfritriones que se ofrecieron a organizarlos en 1984. Pero los Juegos Olímpicos no son realmente recordados por lo que ocurre alrededor de su apertura, sino por lo que sucede dentro de esos 16 días”.

Y esos 16 días fueron muy exitosos.

Boland: “Siempre hay malos tiempos, para todos. El problema verdadero ocurre si se empiezan a excluir países, porque entonces se daña la validez y el significado de los Juegos Olímpicos”. Pero eso no ocurrió.

Por si faltara algo, para América latina fue una circunstancia muy especial: 19 medallas de oro (7 para Brasil, el país anfitrión. Luego Cuba, con 5, Colombia, con 3, Argentina, con 3, y Puerto Rico, con 1).

Tal como recordó el diario español El País, "Nunca en este siglo los países americanos de habla castellana y portuguesa –y cualquiera de los dialectos que amparan el náhuatl, el maya, el miskito, el tukano, el quechua, el aimara, el mapuche, etcétera– habían conseguido, en conjunto, tantas medallas de oro como en los Juegos Olímpicos en Río de Janeiro Brasil. Y la cuenta habría sido mayor si Cuba hubiera repetido gestas pasadas, si México hubiera cumplido con la mitad de los objetivos planteados, igual que Brasil."

En total, contando platas y bronces, son 51 medallas, menos que en Londres (56), Beijing (56) o Atenas (55), pero más oro.

A Cuba le tocó la peor parte: de las 27 medallas en Atentas y las 24 en Beijing ha caído a 11: sigue siendo mucho para un país de 12 millones de habitantes pero es evidente que ha perdido mucho la formación de sus atletas, quizá la voluntad de los jóvenes a participar de disciplinas deportivas.

Colombia es la nueva potencia hispanohablante emergente: 8 medallas, igual que en Londres, pero de 1 oro pasó a 3.

Algo similar ocurrió con la Argentina: 4 medallas, igual que en Londres, pero de 1 oro a 3.

Brasil no alcanzó las 30 que era su objetivo pero logró 19, después de las 17 de Londres. Un dato a tener en cuenta: 12 de los 19 medallistas brasileños integran las fuerzas armadas.

Los Juegos Olímpicos sobreviven a las coyunturas políticas, económicas y sociales, y siempre fue así, desde el comienzo. Anticipar que serán o un éxito o un fracaso en función del contexto, es un error. Los atletas, con su empeño, consiguen entusiasmar a las multitudes y vencer al contexto.

De paso: felicitaciones a los 50.000 voluntarios que trabajaron gratis los 16 días del evento, y en algunos casos muchas más horas de las acordadas.

Algo más: los Juegos en Río no fueron más caros que los Juegos en Londres. En la capital británica, costaron 9.000 millones de euros (US$ 11.430 millones en ese momento).

En Río, según un extenso informe de la Universidad de Oxford, y publicado en el Financial Times, el Comité Olímpico Internacional demandó US$ 4.600 millones, 50% más de lo previsto. Y las autoridades de Rio realizaron inversiones por US$ 7.500 millones en "obras de legado", o sea que quedarán para la población, 57% fue financiadas por dinero público y el resto por capitales privados.

Este presupuesto no incluyeron los gastos de seguridad para los Juegos, US$900.000 aportados por el gobierno federal.