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04/05/2014 | 15:56hs
•EL MUNDO

Europa sigue a USA: El conflicto en Ucrania puede desatar una "gran guerra"

El gobierno interino en Ucrania lanzó operativos de su Guardia Nacional contra las llamadas a sí mismas "autodefensas", grupos pro rusos en dos de distritos ucranianos cercanos a la frontera con Rusia.

Los operativos se han cobrado 7 vidas. Mientras Rusia considera que ya no hay vuelta atrás por la ruptura del acuerdo de paz firmado en Ginebra, el presidente de USA, Barack Obama, consiguió fuertes declaraciones de la primer ministro alemana, Angela Merkel. Todo parece indicar que se recrudecerán las sanciones contra Rusia, con una nueva reevaluación de los intereses alemanes en el conflicto.

La Guardia Nacional de Ucrania empezó hace instantes el asalto de Kramatorsk, en la región de Donetsk, informan representantes de los federalistas pro-rusos. El despliegue militar se inició después de que la sirena de defensa civil reaccionara ante los tiroteos.

Los agentes de la Guardia Nacional de Ucrania están disparando contra las fuerzas de la autodefensa, dijo uno de los efectivos de las milicias de Kramatorsk a la agencia Ria Novosti. "Personalmente he visto varios heridos, pero no puedo confirmar si hay muertos", dijo el interlocutor, identificado como Iván, a la agencia rusa.

El operativo contra los partidarios del federalismo en las ciudades de Slaviansk y Kramatorsk se desarrolla de conformidad con lo programado y continuará, ha declarado el jefe de gabinete de la Presidencia ucraniana en funciones, Serguéi Pashinski. Ha agregado que las fuerzas militares "actúan de una manera muy correcta" respecto a los vecinos.

Por otro lado, a lo largo del día ya han muerto 7 personas durante el operativo: cinco insurgentes prorrusos y dos soldados ucranianos. Este es el resultado que arroja la operación militar iniciada por Ucrania para retomar el control de la ciudad de Slaviansk, que continúa en manos de los rebeldes. Las victimas militares perdieron la vida en un ataque con lanzamisiles que derribó dos helicópteros Mi-24, lo que hace sospechar al Gobierno de Kiev de una posible intervención encubierta rusa. Por su parte, desde Moscú han anunciado que la ofensiva ha terminado con los acuerdos alcanzados en Ginebra para el fin de la violencia en la zona.

El Ejecutivo que lidera el presidente interino de Ucrania, Oleksander Turchinov, ha lanzado este viernes una operación para acabar con las pretensiones independentistas y recuperar los edificios ocupados. Al menos 20 helicópteros y numerosos carros blindados rodearon el territorio alrededor de Slaviansk y han bloqueado las vías de acceso, pero sin conseguir la ocupación de la ciudad. El propio Turchinov ha reconocido que el operativo va lento, pero aun así pretende continuar para garantizar la soberanía ucraniana: "Vuelvo a la amenaza real de que Rusia desencadenará una guerra continental contra Ucrania. Nuestras fuerzas han sido puestas en alerta", ha afirmado. La lentitud de la misión la ha achacado al atrincheramiento de los independentistas y al presunto uso de civiles como escudos humanos.

El autoproclamado alcalde de la ciudad, Viacheslav Ponomariov, fue el encargado de comunicar los fallecimientos de las cinco personas, de las cuales solo tres serían milicianos prorrusos y las otras dos civiles, según fuentes independentistas. "Tenemos suficientes personas y armas para defender nuestros intereses", ha manifestado el copresidente del Gobierno de la república de Donetsk, Denis Pushilin, en contestación al ataque militar.

Mientras tanto, siguen retenidos por las milicias de la ciudad los seis inspectores europeos de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) y su intérprete. El secuestro, que ya va por su segunda semana, podría unirse a la desaparición del enviado del Kremlin, Vladímir Lukin, que había viajado a Slaviansk para lograr su liberación.

El presidente ruso, Vladimir Putin, ha afirmado que con esta acción militar ha destruido la última oportunidad de alcanzar una solución pacífica. Putin ha manifestado que la "operación punitiva" contra los independentistas, ha roto "de manera irreparable" el acuerdo del día 17 de abril firmado por ambas partes en Ginebra, en el que se comprometían a una solución diplomática. Moscú ha pedido una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

Por si fuera poco, al conflicto armado se suma el económico. Rusia reducirá el suministro de gas a Ucrania si no paga las deudas contraídas con Gazprom de 3.500 millones de dólares, según ha afirmado el ministro ruso de Energía, Alexander Nowak. La empresa rusa, que ya subió los precios al Gobierno de Kiev, aportó más del 30% del gas consumido en 2013, y el corte afectaría también a Alemania, quien recibe gran parte del gas natural consumido en sus industrias del gigante ruso. Por su parte, Angela Merkel se ha desmarcado de cualquier tipo de intervención armada en Ucrania. "En Europa no resolvemos los conflictos a través de medios militares", ha afirmado la canciller alemana.

Mientras tanto, los conflictos se multiplican en todo el territorio ucraniano. Después de que el 7 de abril separatistas prorrusos anunciaron la creación de la República Popular de Donetsk, el peligro de contagio a otras zonas preocupa al Gobierno Ucraniano.

En la tarde de este viernes se han registrado enfrentamientos en otras partes del país como Odessa, al sur de Ucrania, donde, aunque todavía sin confirmación oficial, tres personas habrían muerto y diez habrían resultado heridas en una batalla campal, en la que se han utilizado palos y piedras y se han escuchado disparos.

Este recrudecimiento ha hecho que Turchinov decretase este jueves la reimplantación del servicio militar obligatorio, que afecta a los hombres de edades comprendidas entre los 18 y los 25 años que gocen de buena salud. La movilización se ha interpretado como una previsión en caso de que se desate el conflicto con la vecina Rusia.

Obama y Merkel

En un alarde de unidad occidental de cara a Ucrania, el presidente estadounidense Barack Obama y la canciller alemana Angela Merkel amenazaron a Rusia con tomar sanciones más fuertes y amplias si Moscú no muestra inmediatamente un cambio de conducta.

"No nos quedará otra opción que aplicar sanciones adicionales y más severas" si Rusia trastorna las elecciones presidenciales ucranianas previstas para el 25 de mayo, dijo Obama en conferencia de prensa junto con Merkel frente a la Casa Blanca. Merkel asintió: "Las nuevas sanciones serán inevitables".

Los dos gobernantes expresaron claramente que el paso siguiente será imponer sanciones a diversos sectores de la economía o las fuerzas armadas rusas —por ejemplo, en materia de energía o armamento_, pero ninguno de los dos aclaró concretamente en qué consistían. "Es necesario disuadir (al presidente ruso Vladimir Putin) de su rumbo actual", dijo Obama. También quedó en claro que hay diferencias entre Washington y Berlín en materia del espionaje exterior estadounidense, en referencia a denuncias anteriores de que habían escuchado conversaciones personales de Merkel en su teléfono celular.


Mientras se reunían los dos gobernantes, la Unión Europea anunció que en las próximas semanas mantendría conversaciones con Ucrania y Rusia sobre el precio del gas natural para tratar de evitar cualquier interrupción del suministro. Moscú elevó recientemente el precio del gas a Ucrania, de 268,50 a 485 dólares el millar de metros cúbicos y amenazó con reducir el suministro si Kiev no acepta el precio nuevo y paga una deuda de 3.500 millones de dólares.

El viernes, fuerzas prorrusas derribaron dos helicópteros ucranianos y Kiev informó que muchos rebeldes murieron o resultaron heridos en la primera gran ofensiva del gobierno interino contra una insurgencia que ha tomado edificios de gobierno en el este. El Kremlin dijo que la ofensiva de Kiev contra los insurgentes "destruyó" el acuerdo celebrado en Ginebra hace dos semanas para distender la situación. Obama y Merkel coincidieron en que la situación en Ucrania se debería resolver por la vía diplomática.

Obama dijo que Putin tiene derecho a expresar lo que piensa sobre los sucesos en Ucrania, pero es inaceptable que crea "tener poder de veto" sobre las decisiones tomadas por un gobierno legítimamente electo en Kiev. A medida que se ha agravado la crisis en Ucrania, Merkel es quizá el gobernante europeo que más veces ha hablado con Putin. Debido a ello, Washington la considera una vía de comunicación crucial además de una participante clave para impedir que otros países europeos abandonen las sanciones.

Sin vuelta atrás para los rusos

El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, declaró este mediodía que la operación lanzada esta mañana por las tropas ucranianas en la localidad de Slaviansk (región de Donetsk) para reducir a las milicias separatistas allí atrincheradas ha arruinado de “manera irreparable” la posibilidad de que la crisis en Ucrania se resuelva por medios pacíficos.

Según Peskov, “mientras Rusia hace esfuerzos para rebajar la tensión y solucionar el conflicto, el régimen de Kiev ordena a su aviación de combate disparar contra ciudades y pueblos, lanzando una operación punitiva que de hecho ha destruido toda esperanza de viabilidad de los acuerdos alcanzados en Ginebra” el pasado 17 de abril. En aquella reunión participaron Rusia, Estados Unidos, la Unión Europea y Ucrania.

El portavoz presidencial recuerda que Putin ha advertido que el uso de la fuerza contra “civiles pacíficos” en el este de Ucrania sería un “crimen” y asegura que el máximo dirigente ruso está siendo informado de los acontecimientos en Slaviansk “al minuto”. Peskov señala también que el hasta hace poco Defensor del Pueblo, Vladímir Lukin, fue enviado el jueves a Slaviansk por Putin para tratar de negociar la liberación de los observadores de la OSCE capturados por los sublevados prorrusos, pero se ha perdido el contacto con él. La agencia rusa RIA-Nóvosti informaba poco después del restablecimiento de la comunicación con Lukin, quien está sano y salvo.

Multipolaridad

Las tensiones en Ucrania reflejan los entramados ocultos dentro del mundo globalizado que en su multipolaridad muestra cada vez más fricciones en diferentes puntos del planeta.

La falta de decisión de los Europeos para imponer mayores sanciones a Rusia, algo que tras la cumbre entre Merkel y Obama parece estar quedando atrás, es reflejada en un reporte de Mar Bassets para El País, titulado "Los titubeos europeos ante la crisis de Ucrania impacientan a EE UU":

Los malentendidos entre Estados Unidos y Europa, una constante en la política internacional de las décadas recientes, han resurgido con motivo del conflicto en Ucrania. Nada comparable a las tensiones por la guerra de Irak, ni siquiera por el espionaje de la NSA, pero las dudas de los grandes países europeos a la hora de aprobar sanciones más duras contra la Rusia del presidente Vladímir Putin, como desea la Administración Obama, empiezan a impacientar a los norteamericanos.

El estereotipo de una Europa alérgica al conflicto y siempre dispuesta a contemporizar con regímenes autoritarios —cultivado con esmero por la Administración Bush en la década pasada, durante la guerra de Irak— vuelve a circular por Washington. El presidente de EE UU, Barack Obama, intentará el viernes una exhibición de unidad ante Putin con la canciller Angela Merkel, su interlocutora privilegiada en esta crisis.

Merkel visita la Casa Blanca unos días después de que Estados Unidos y la Unión Europea (UE) aprobaran una nueva ronda de sanciones financieras a Rusia, que apuntan a personas clave del entorno del presidente Putin pero eluden el castigo a sectores económicos enteros como el energético. La posibilidad de una ayuda militar al Gobierno de Ucrania para frenar el acoso ruso queda descartada de momento.

“Ya se han decidido nuevas sanciones: creo que con esto es suficiente”, dijo esta semana, en una conversación en Washington, Horst Teltschik, exconsejero de seguridad del canciller democristiano Helmut Kohl. Miembro del establishment alemán proatlantista, Teltschik fue el negociador de Kohl en los momentos más delicados del fin de la guerra fría y organizó durante años la Wehrkunde, el Davos de la defensa que anualmente se celebra en Múnich. “No estoy a favor de sanciones, porque te dañan a ti mismo. El daño a Rusia es mínimo”, argumentó.

Teltschik no representa a la canciller Merkel, aunque se mueve en la esfera de su partido, la CDU. Sí representa, en cambio, lo que el senador republicano John McCain —candidato a la Casa Blanca en el 2008 y el más influyente de los halcones en el Capitolio— denomina, con desprecio, “el complejo industrial” que, en su opinión, “parece gobernar” la Alemania de hoy, y que impide a EE UU y sus aliados europeos aprobar sanciones más contundentes contra Moscú.

Las reticencias no se explican sólo por la dependencia del gas ruso. Unas 6.500 empresas alemanas hacen negocio con Rusia, según Teltschik. “Sin duda, esto es mucho negocio”, dice. “Pero también tenemos intercambios de jóvenes, culturales, científicos”. El diálogo, recuerda, fue la clave para que el derrumbe de la Unión Soviética ocurriera sin traumas. “En 1990, el canciller Kohl firmó 22 tratados y acuerdos con Rusia”, dice. “Sólo había un objetivo: alinear Rusia [con Europa y EE UU]”.

No le inquietan las imágenes recientes de otro excanciller, el socialdemócrata Gerhard Schröder, festejando su septuagésimo aniversario junto a Putin, en San Petersburgo. “Si hay una oportunidad para hablar de Ucrania con Putin de manera razonable, dejémosles celebrar el cumpleaños juntos. Putin es mucho mejor que los Breznevs y Andropovs. Conocí a estos tipos…”, dice rememorando a los viejos líderes soviéticos.

Otro veterano de aquellos tiempos, el general Brent Scowcroft —artífice junto al presidente George Bush padre y otros de la victoria occidental en la guerra fría— también promueve el diálogo. “Deberíamos hablar con Putin. No creo que debamos convertir esto en una nueva guerra fría”, dice el republicano Scowcroft, consejero de seguridad nacional con los presidentes Gerald Ford y Bush padre. Él, como Teltschik, aprecia el valor de la cooperación con Rusia, que permitió acabar la guerra fría sin violencia.

Las conversaciones con Teltschik y Scowcroft —veteranos cold warriors, o combatientes de la guerra fría— se desarrollaron en los pasillos del Atlantic Council, un laboratorio de ideas de Washington, donde se celebraba un foro sobre EE UU y Europa. Ante el mismo foro, el secretario de Estado, John Kerry, describió la inestabilidad en Ucrania como “una llamada de alarma” para reforzar la alianza transatlántica y, tras dos décadas ocupada en misiones de paz y guerras en países fuera de su territorio natural, reavivar la misión primigenia de la OTAN: defender las fronteras de los países miembros.

La división no es únicamente entre Europa —más cauta— y EE UU. También es una división entre los países vecinos de Rusia, que se sienten amenazados por la agitación en Ucrania, y los países con economías entrelazadas con la rusa (Alemania) o con intereses financieros en una buena relación con Moscú (Reino Unido).

Y es una división dentro de la propia Administración Obama, entre quienes piden sanciones más duras y quienes, como el presidente, prefieren consensuarlas con la UE, como hasta ahora. Las sanciones unilaterales de EE UU daría pie fácilmente a que Putin fomentara la división en la OTAN. La desventaja de mantener las filas cerradas —y, por tanto, conformarse con el mínimo común denominador a la hora de sancionar a Putin— es que el demócrata Obama puede acabar preso de los frustrantes procesos de decisión de los 28, casi como un miembro más del club.

Zbigniew Brzezinski, que con Scowcroft es uno de los últimos sabios de la política exterior norteamericana, aconseja a Obama ir un paso por delante de la UE. Cree que los europeos acabarán siguiéndole. En el Atlantic Council Brzezinski, que fue consejero de seguridad nacional del presidente Jimmy Carter y es de origen polaco, recordó una reciente y significativa conversación entre un destacado político alemán y un ejecutivo de la multinacional alemana Siemens:

“Esto es terrible”, dijo el ejecutivo tras escuchar una diatriba contra Putin. “Acabamos de estar en Moscú y tenemos intereses importantes en Rusia”.

“Lo que usted dice es interesante”, le respondió otro de los presentes, el norteamericano Robert Zoellick, expresidente del Banco Mundial. Y preguntó: “¿Qué porcentaje de sus ventas globales y acuerdos son con Rusia?”

“Un 2%”, respondió el ejecutivo de Siemens.

“¿Y cuánto con nosotros?”, repreguntó Zoellick, refiriéndose a los negocios con EE UU.

“Un 20%”.

Brzezinski relató al público del Atlantic Council que en ese momento se hizo el silencio en la sala. Y añadió: "Todo el mundo había entendido el mensaje. Es recomendable aprender a calcular cuáles son tus intereses”.




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http://www.sintesiscorrientes.com/notix/noticia/16868_europa_sigue_a_usa_el_conflicto_en_ucrania_puede_desatar_una_gran_guerra-2.htm