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28/06/2010 | 20:44hs
•SOCIEDAD

El ex custodio de Fort rompe el silencio y defiende su "honor"

“Salimos a hablar porque se nos estaba dañando el honor”. Fort lo echó y lo acusó de no tener códigos. Tito, con su novia, se defiende: “Sé que soy buena persona. No soy un ‘patovica’ que toma anabólicos y que no sabe hilar dos palabras”. Tras haber sido despedido por el millonario, dice que su ex jefe tuvo "celos" de su protagonismo.
 

Muchos ya hablan de un “operativo clamor”. Y es que, desde que Ricardo Fort decidió prescindir de los servicios de Héctor “Tito” Speranza como guardaespaldas, las redes sociales, blogs, páginas de espectáculos y hasta la propia tribuna de ShowMatch se han colmado de fanáticos reclamando el regreso del musculoso e inexpresivo “hombre de negro” al programa.

La historia se sucedió más o menos así: luego de ganar popularidad gracias al vano empeño de Marcelo Tinelli por hacerlo sonreír, el musculoso de seguridad fue convocado para realizar un trabajo extra en Fortuna, la obra de teatro que su ahora ex jefe produce y protagoniza. Pero él se negó aduciendo que había asumido otros compromisos laborales en su tiempo libre, logrando despertar la siempre dispuesta ira del mediático empresario, que decidió despedirlo tras destacar su “falta de códigos”. Marcela Villagra, novia de Speranza y ¿ex? amiga de Fort, no coincide con esta última apreciación. “Esto es una cuestión de celos”, aseguró la dolida personal trainer. “A todos nos agarró de improviso el protagonismo que fue ganando Tito en el programa de Tinelli, porque no fue algo que él haya buscado. Y en lugar de disfrutarlo todos juntos, se creó este conflicto. Pero bueno, está todo bien... Yo sé que Ricardo tiene sus momentos.”

Villagra conoció a Fort diez años atrás en un gimnasio, y desde entonces lograron forjar una amistad que parecía indestructible. Por eso, tras la explosión mediática de la figura del inclasificable heredero, ella no dudó en recomendarle que contratara a su novio para trabajar como guardaespaldas. “Todos conocíamos cuáles eran los límites entre el afecto personal y la cuestión laboral, así que estaba todo bien. Pero ahora creo que se rompió algo”, asumió la mujer que hasta hace unos días se encargaba de mantener en forma al mediático empresario. “Siento una mezcla de tristeza y de bronca; Ricardo me echó en cara las cosas que él me había regalado, tal como lo hace con sus mujeres... Pero no quiero hablar mal de él, porque indirectamente estaría hablando mal de mí que estuve durante tanto tiempo a su lado, con tanto afecto. Salimos a contestar sólo porque sentimos que se estaba dañando el honor de Tito y el mío.”

Con un enojo evidente, Speranza explicó que no volvió a hablar con Fort desde que le comunicó su despido, y que no le importa lo que tenga para decir. “Sé que soy buena persona. No soy un ‘patovica’ que toma anabólicos y que no sabe hilar dos palabras. Soy un tipo de barrio que tiene un papá, una mamá y una novia que sufren al escuchar esas cosas”, se defendió.

“Tito aceptó lo de las presentaciones en los boliches porque venía con mucho menos trabajo con Ricardo y, la verdad, esto le sumaba y era bastante cuidado. Además, cada uno es libre de hacer lo que quiere fuera de su horario laboral”, apuntó Villagra. “Por suerte, la gente en la calle nos brinda su apoyo. Eso está bueno. Ahora lo único que podemos pensar es que se termine todo este lío para volver a tener paz.”
 




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