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22/06/2010 | 17:28hs
•NACIONALES

Cuando Héctor Timerman era el editor preferido de Massera

Es apasionante el relato de Juan Yofre en su libro "Nadie Fue" acerca de cómo el vespertino La Tarde, que dirigía Héctor Timerman, fue clave en preparar el humor en ciertos sectores de opinión, para recibir de buen ánimo el golpe cívico-militar de 1976, al que adhería con fervor Jacobo, el padre del flamante canciller kirchnerista. Aqui se reproduce el capítulo 10 del texto.

(Nadie Fue). Mientras la crisis se profundizaba día a día, los equipos castrenses preparaban las carpetas del futuro gobierno. Por el Ejército conversaban Carlos Dalla Tea, Llamil Reston y Miguel Mallea Gil. Una suerte de gabinete en las sombras. Cada área una carpeta.

Más tarde descubrirían que la crisis era mucho más honda de lo que sugerían las carpetas, por lo tanto no les servían[1]. También discutían el futuro esquema de poder: la Junta Militar por sobre el presidente, sus poderes y limitaciones.

En un país en llamas, pasaron horas interminables para discernir el ceremonial y protocolo: si la Junta debía estar adelante o en la misma fila del presidente, en los futuros Tedéum o actos protocolares. la formación de la CAL (Comisión de Asesoramiento Legislativo, que se constituyó en el edificio del Congreso de la Nación).

# Equipos de Compatibilización Interfuerzas (ECI)

En el Ejército el equipo trabajó bajo la conducción del coronel Miguel Mallea Gil, quien a su vez informaba al secretario general de la fuerza, general Osvaldo Azpitarte.

A comienzos de 1976, como consecuencia del fallecimiento del comandante del Cuerpo I, general de división Rodolfo Cánepa, Carlos Suarez Mason pasó al Cuerpo I[2] y Azpitarte lo reemplazó en el comando de Bahía Blanca, por esa razón el general Carlos Dalla Tea asumió como secretario general del Estado Mayor del Ejército. Dalla Tea era un viejo conocido para el peronismo desde los tiempos en que fue Agregado militar en Madrid cuando Perón vivía en Puerta de Hierro.

Junto con Mallea Gil trabajaron seis o siete altos oficiales, entre otros los coroneles Carlos Cerdá, Bernardo Menéndez y Aguado Benítez. Eran ellos los encargados de llevar el día a día de la carta de situación, consultar las opiniones de la dirigencia política, sindical y empresaria y analizar las distintas variantes que se presentaban a la crisis de esos días. Trabajaron sobre cinco variantes, de menor a mayor. La Variante V (en clave “VV”) era la más extrema porque contemplaba la toma del poder. Cuando se agotaron los plazos, de este grupo salió la redacción de la proclama del golpe.[3]

Sin embargo, la carpeta más importante no estaba redactada. ¿Qué hacer con la economía? ¿Y el plan? Esa es la diferencia más importante entre el proceso militar chileno y el argentino, al margen de las distintas características personales (importantes por cierto) entre los generales Augusto Pinochet Ugarte y Jorge Rafael Videla.

Los marinos chilenos comenzaron a elaborar una plan económico—con la ayuda de economistas y empresarios—en agosto de 1972. Se fijaron un plazo de noventa días, pero recién lograron “El Ladrillo[4]” (el diseño del plan económico) seis meses antes del golpe, del martes 11 de septiembre de 1973. Gran parte de la planificación descansó sobre las espaldas del almirante José Toribio Merino, jefe de la base naval Valparaíso, la más importante de Chile y todos coinciden en señalar que el general Augusto Pinochet Ugarte se impuso de la situación en la tarde del domingo 9 de setiembre de 1973[5]. Apenas dos días antes.

En la Argentina no fue así. Los jefes militares eran prisioneros de la misma desorientación que el resto de la dirigencia. ¿Por qué no habrían de serlo? Si al final, eran argentinos y dirigentes. ¿O vamos a pensar que nacieron en Finlandia o en Canadá? Los equipos militares tomaron “examen” a varios economistas. Bernardo Grinspun, el respetado Félix de Elizalde[6], Alvaro Alsogaray, Horacio García Belsunce, Rogelio Frigerio, Lorenzo Sigaut y José Alfredo Martínez de Hoz, entre varios. Una sola limitación se les puso a los expositores: las respuestas tenían que ser “pragmáticas, gradualistas”[7].

El Ejército no tenía daba espacio para la ortodoxia, frente a la guerra que libraba contra el terrorismo. ¿Los candidatos formaban parte de la conspiración? Puede afirmarse que no. ¿Por qué? Muy simple: eran consultas, lo que no quería decir que formaron parte de la conspiración.

En Chile, por el contrario, sí.[8] Y, además, muchos de los consultados ocuparían cargos en el Estado[9]. Cuando el equipo que habría de diseñar el plan económico se fue conformando, se estableció una consigna: “Botar a Allende no cuesta nada. Lo importante es qué hacer con el gobierno; cómo solucionar los problemas económicos”.

Cuando Martínez de Hoz fue llamado a exponer su visión de la situación fue a escasas semanas del 24 de marzo de 1976. Hasta ese entonces no tenía ni idea de lo que sucedía, detalladamente, en la Argentina: estaba en un safari de 40 días en Kenya, África, invitado con muchos meses de antelación por Arturo Acevedo, accionista mayor de Acindar.

Los militares se ocuparon de buscarlo y encontrarlo. Una noche, a través de un “contacto” en Nairobi, le hicieron llegar un mensajero: “Vuelva urgente a Buenos Aires. La urgencia no guarda relación con la salud de su padre.” [10]

El “contacto”, en pocas horas, informó a sus superiores el día y la hora de su llegada a Ezeiza. Al día siguiente fue invitado a la residencia del comandante general de la Armada, en avenida del Libertador y Ocampo, donde los esperaban los comandantes generales. Como los jefes militares no tenían formación económica preguntaron poco.

En cada reunión, un oficial de menor jerarquía tomó “apuntes” a la ligera[11].

Las notas, además, revelan el estado de confusión que reinaba en las propias mentes de los comandantes: “Le pedimos disculpas por el llamado tan urgente. Usted es el último de una larga lista de entrevistados. Necesitamos conocer su opinión sobre la situación económica para ofrecer un asesoramiento al Poder Ejecutivo. Díganos cuál sería el plan económico que las Fuerzas Armadas pueden ofrecer a la Presidente" [12].

José Alfredo “Joe” Martínez de Hoz expuso su pensamiento cerca de 3 horas (en las “notas” no se observan preguntas). El “apuntador calificado” garabateó conceptos: inflación, su crecimiento es geométrico “llegará a niveles nunca conocidos en la Argentina.” Hay una cesación de pagos no declarada. Existen reservas de libre disponibilidad para pagar solo un día de importaciones.

A tenor de la exposición, el estado de la economía argentina era explosiva. Algo que se sentía y sabía con la simple lectura de los diarios. Vencido el tiempo, Videla solicitó que su exposición la entregara cuanto antes por escrito. En persona o a través de un amigo (el general Miatello).

De todas formas, la información no sería completa si no se dijera que las Fuerzas Armadas (especialmente la Armada y el Ejército) tenían en su poder trabajos sectoriales, “monografías”, solicitados a especialistas en diferentes materias. Sin constituir una usina del golpe, bien puede agregarse que los miembros del denominado “Grupo Perriaux”[13] elevaron lo que se les solicitó de manera radial.

Es decir, algunos no estaban enterados de los que hacían los otros. Después de múltiples consultas, dos fueron los señalados para mantener encuentros personalísimos.

Uno fue Martínez de Hoz. El otro, más tarde, fue descartado por la Armada por presentar una irregularidad familiar. Lo que, tristemente, se conocería como S.I.F. (situación irregular familiar). Era divorciado. Quien lo objetó era el menos indicado para hacerlo.

De todas maneras, la sensación que existe, después de varias consultas, es que Martínez de Hoz no supo hasta escasos días antes del 24 de marzo que iba a ser el Ministro de Economía. Ni siquiera tuvo tiempo de pensar quiénes iban a conformar su equipo de colaboradores. Un ejemplo importante: la designación del presidente del Banco Central – una pieza clave para el diseño de un plan económico y financiero – se conoció varios días después del golpe.

El banquero Luis “Pibe” Otero Monsegur no quiso aceptar. Ya había trabajado en el Estado en la gestión del ex presidente José María Guido y no quiso dejar la presidencia de su banco.

- “¿Por qué no lo llamás a Adolfo Diz?”, aconsejó Juan Aleman.

- “Llamálo”, fue la respuesta de Martínez de Hoz.

Adolfo Diz estaba trabajando en el Centro de Estudios Monetarios de América latina (CEMLA), en México.

Lo llamaron, aceptó y vino al país. “¿Usted cree que Diz sabía algo? ¿Qué conocía a los jefes militares?”, fue la respuesta de un ex colaborador de Martínez de Hoz[14]. Otro dato: “Ricardo Arriazu, que esperaba desempeñarse como secretario de Coordinación Económica del ministro Emilio Mondelli apareció con Martínez de Hoz.”

- ¿Y las carpetas?

- “No había carpetas”.

# Almuerzo en la calle Parera. Las usinas informativas. Facciones en pugna. Candidatos ministeriales.

Era dueño de todo el edificio de departamentos de la cortada de Parera casi esquina Quintana, pero Carlos Manuel Muñiz se reservó para sí el último duplex.

En la primera planta el hall de entrada, con un pequeño salón a la izquierda donde colgaba un Picasso y una mesa donde se destacaban fotos con marcos de plata que se cambiaban de acuerdo a su humor y a las visitas que recibiera.

Luego el living con las paredes tapizadas con seda bordó, cargadas de cuadros “horribles”, según su gran adversario el ex canciller brasileño Antonio Azeredo Da Silveira[15], firmados por prestigiosos pintores argentinos (donde se destacaba un enorme Forte). El paisaje se completaba con pesados cortinados y alfombras persas.

Después el comedor donde resaltaba un altar de plata del Alto Perú, recuerdo de su paso por la embajada en Bolivia (1956-1959). Una escalera conducía a su escritorio privado, su gran habitación y los aposentos de sus hermanas “Kika” y “Beba".

Carlos recibía mucho y bien con la inestimable atención de Jorge que hacía de mucamo y conductor de su viejo automóvil. No improvisaba, y manejaba como pocos el ceremonial aprendido en más de dos décadas de diplomacia.[16] Era amigo de sus amigos y a los que no los trataba con indiferencia. Se caracterizaba por no hablar mal de nadie, una virtud poco común en el Río de la Plata.

El lunes 15 de marzo tuvo un almuerzo singular, con importantes invitados. Robert Hill, José Alfredo Martínez de Hoz, Oscar Camilion y los generales retirados Alcides “El Pibe” López Aufranc y Mariano Jaime de Nevares. Como establecía su orden de prioridades, en ese almuerzo se sirvió “val au vent”.

Para ser sincero con el lector, debo aclarar que todos los presentes poseían un alto nivel de información. A través de sus contactos y amistades sabían de lo que se hablaba en los altos niveles de las Fuerzas Armadas, pero la verdad es que incidían muy poco (salvo Martínez de Hoz en sus temas técnicos). Como decía Muñiz en esos días “hay que escuchar y no hablar”.

En el caso de Muñiz, como la gran mayoría, entendía que el gobierno de Isabel Perón conducía a la catástrofe, pero no esperaba demasiado del gobierno militar que se avecinaba. Conocía de lo que se trataba. “Estos muchachos, no sé qué van a hacer Juan Bautista”, decía a manera de confidencia. Por lo pronto, tenía un serio rechazo por el almirante Massera.

Los comentarios eran un fiel reflejo de lo que se hablaba en esos días en Buenos Aires. Se trató del “golpe inminente” y las distintas posiciones dentro de las Fuerzas Armadas. Ese era el tema: la falta de “coherencia (cohesión) interna” que se observó en la última reunión de altos mandos del Ejército en Campo de Mayo (los “duros” luego se retiraron para seguir deliberando en un departamento en Capital Federal). Uno de los presentes habló de los ataques al general Roberto Eduardo Viola de parte de algunos generales.

Mientras Hill escuchaba, sin opinar, otro de los presentes relató lo que había escuchado de boca de un almirante respecto de la última reunión del almirantazgo de la semana anterior: En esa época el almirante Emilio Eduardo Massera era considerado un “duro” –o la jugaba de “duro”—y en esa cumbre de almirantes se había hablado de “instaurar el paredón” y fusilar a (Héctor J. Cámpora y al teniente general (RE) Alejandro Agustín Lanusse.[17]

Muñiz se quedó espantado con la información. No era hombre de recetas contundentes y, además, tenía un sano y reiterado respeto por Lanusse.

Otro consideró oportuno comentar que los ministros Mondelli y Ares se habían entrevistado con el ex presidente Arturo Frondizi y “le ofrecen la conducción económica”. En esa reunión Mondelli comentó que “no hay golpe por la falta de coherencia militar". Se tiraron dos nombres para el futuro gabinete: Martínez de Hoz para Economía y Carlos Floria en Educación (no fue nombrado y los anónimos militares que se repartían en los cuarteles lo catalogaban de “marxista”). Hill dijo que “no existen problemas con los Estados Unidos” (se entendió, frente a lo que se venía), aunque sus cables al Departamento de Estado sostenían otra cosa.

# Consejos que llegan de Chile.

A la reunión de mandos de Campo de Mayo[18] asistieron por la mañana la mayoría de los generales. Se escucharon distintas exposiciones en las que hablaron, inclusive, algunos teniente coroneles y coroneles sobre las distintas “operaciones” del “Día D”.

Luego por la tarde se reunieron algunos generales para continuar evaluando las operaciones y la situación existente. Los trascendidos hablaban de una dura lucha entre facciones y que los “duros” (Menéndez y Díaz Bessone) se habían impuesto sobre Viola (y que Jorge Rafael Videla no había estado presente). Se analizaba el retiro de Viola y de Carlos Dalla Tea (otros sostenían lo contrario).

Ya para ese día se sabía que la Armada ocuparía la cartera de Bienestar Social y que el general (RE) Ibérico Saint Jean sería interventor de la provincia de Buenos Aires. Se hablaba de ofrecimientos a integrar la próxima Corte Suprema de Justicia de la Nación a los doctores Videla Escalada, Morillo, Cichero y Bidart Campos. Se decía que Isabel Perón se iría al exterior y que se cerrarían las fronteras para que no se escapen algunos funcionarios de su gobierno.

Uno de los temas que se analizaron en esos días fue un consejo que llegó de los altos mandos chilenos al general Cesáreo Cardozo (ex Agregado Militar en Santiago de Chile), en ese momento director de la Escuela Superior de Guerra: Nada de castigos públicos, la comunidad internacional no aguantaría y serían criticados por el Vaticano. No se soportarían escenas similares al Estado Nacional de Santiago de Chile en setiembre de 1973.

“Boquilla” hablaba siempre con tono de confidencia, apenas se lo escuchaba. “Boquilla” era su seudónimo cuando hablaba por teléfono. Estaba muy cerca de la Fuerza Aérea. El miércoles17 de marzo dejaba trascender que el golpe “ha sufrido una postergación como resultado de ciertas objeciones realizadas en la reunión de mandos” del Ejército.

Aunque el día anterior se “hicieron prácticas de operaciones en bases aeronáuticas”. Para “Boquilla”, Martínez de Hoz había aceptado el Ministerio de Economía (el día anterior una fuente castrense dijo que se ocuparía de “renegociar la deuda externa” pero no aseguró que sería ministro). La Fuerza Aérea tenía dos candidatos para Educación: Dardo Perez Guilou y Basilio Serrano.

Según el informante, (Deolindo Felipe) Bittel le dijo al “Chino” Balbín que “esto está acabado” (se refería al gobierno de Isabel Perón). Y que existían dudas sobre qué hacer con la Presidente. O la enviaban al exterior o la detenían y procesaban.

El miércoles 17 de marzo, Lorenzo Miguel organizó un asado en Rutasol (campo de esparcimiento de la UOM), para homenajear a Isabel Perón y las nuevas autoridades del justicialismo, elegidas en el Teatro Cervantes. Isabel no asistió y concurrió poca gente. En otro lugar, el mismo día, el diputado peronista Luis Sobrino Aranda renunció a su banca y dijo: “El proceso político argentino está agotado.” Otros dirigentes no pensaban lo mismo.

Esa mañana del miércoles, Balbín se entrevistó con Lorenzo Miguel para estudiar un eventual acuerdo político. Y en su casa de Flores, el ministro Miguel Unamuno recibió a los radicales Antonio Tróccoli (jefe del bloque de diputados), Juan Carlos Pugliese y Rubén Rabanal. Los peronistas insistieron con la intervención a la provincia de Buenos Aires porque culpaban a Calabró de alentar los cotidianos paros laborales. Los radicales volvieron a rechazarla.

“El programa común, el cronograma electoral, la convocatoria a una asamblea multisectorial y otros elementos...se fueron dilucidando a los largo de la misma reunión.” [19] Después de dos encuentros entre Balbín y Bittel (entre el jueves 18 y viernes 19 de marzo) se concretó una reunión multipartidaria.

Además del justicialismo y radicalismo, asistieron los partidos Comunista, Intransigente, Revolucionario Cristiano y los socialistas populares. En la ocasión, se convino la convocatoria a una asamblea multipartidaria para que elaborara un plan económico y social, a través de una comisión legislativa. ¿Cómo podían ponerse de acuerdo pensamientos tan encontrados? Días más tarde, (el 22) los economistas radicales mas relevantes rechazaron prestarse a colaborar. Entre otros, Alfredo Concepción, Félix Elizalde y Enrique García Vázquez. Carlos Perette se limitó a recordar que “el radicalismo es y será una fuerza opositora” y que “no existen pactos, acuerdos palaciegos o cogobiernos con el oficialismo”.

“El reloj de las Fuerzas Armadas se encuentra detenido en una cuenta regresiva hacia la adopción de una medida extrema”, afirmó el ministro de Defensa, Alberto Deheza, en una reunión con diputados de la Comisión de Labor Parlamentaria. También reveló que en una reciente reunión, el general Videla le confirmó que “las Fuerzas Armadas no tienen vocación de poder, pero se encuentran preparadas siempre para actuar ante una situación de caos generalizado o de vacío de poder”.

Luego, Deheza reveló que Videla le mostró su reloj y le dijo: “Está parado”, como dando a entender que no había ninguna cuenta regresiva. Antonio Tróccoli, jefe de la bancada radical, completó la opinión del titular de Defensa: “Si el gobierno no se rectifica pronto, el reloj del comandante comenzará a funcionar”. El dólar paralelo cotizó el 17 a la tarde en la banda de m$n 27.700 a m$n 28.200.

# “La Tarde”

El vespertino de la usina de la conspiración, dirigido por Héctor Timerman [20]. Nació una semana antes del golpe y terminó cuando falleció David Graiver, cinco meses más tarde.

El socio de Jacobo Timerman en el matutino “La Opinión”, Abrasha Rotenberg, relató en su libro “Historia Confidencial” que el vespertino “La Tarde” fue inspirado a principios de 1975 por un equipo que integraba junto a Jacobo Timerman, Luis Clur y Oscar Ruiz. Y de cerca lo observaba otro socio de Timerman, el financista David “Dudi” Graiver.

El modelo fue el alemán “Bild Zeitung”. Rotenberg relató que él pretendió dirigir el vespertino, pero que Timerman se negó. En su lugar fue nombrado Héctor Timerman tan sólo por llevar el apellido de su progenitor. Disconforme con esa decisión Rotenberg se alejó del proyecto: “Para mí ‘La Tarde’ ya no existe”, le dijo de manera terminante a su socio. Tiempo más tarde, frente al desorden que reinaba en la redacción y el desconcierto de sus contenidos, Rotenberg fue llamado y prestó su auxilio.

Entre varias criticas que le hizo al vespertino en ciernes, dijo que “La Tarde” “pecaba de un notorio divorcio entre las premisas teóricas que conformaban su filosofía y la manera de aplicarlas: era una suma de excelentes materiales en busca de un objetivo desconocido.” Ese fue el punto central, lo “desconocido”, porque Jacobo Timerman no se lo contó. Oficiales navales que rodeaban al almirante Emilio Eduardo Massera relataron que “La Tarde” nació el 16 de marzo de 1976 para crear el clima de lo que sobrevendría una semana más tarde, el golpe militar. “Lo apantalló” fue la respuesta mas directa.

Si se observan algunos de sus ejemplares – no resultó fácil encontrarlos, porque fue un fracaso y duró solamente cinco meses – se verá que se convirtió en una obscena usina del apoyo que Jacobo y su hijo Héctor Timerman, brindaron al “acontecimiento” castrense.

Así, el miércoles 17 de marzo, en su segundo número, todos los títulos de la tapa atizaron el clima caótico. Resaltaron el clima de la crisis. La palabra “golpe” esta en un recuadro de la tapa en el que se relata una anécdota del ministro de Defensa.

El título, a toda página: “Transportes: Alza y repudio popular”. Otro: “Se acentúa la falta de alimentos.”

“Argentina hoy: bombas, secuestros y carestía”, una radiografía perfecta de la realidad que años más tarde no es reconocida. También en la tapa figura un dibujo en el que se ve a cuatro individuos secuestrando a una persona, con el siguiente comentario: “Al principio, impresionaban. Luego, se sucedieron en tal escala que dejaron de ser novedad. Todos los días algún secuestro, sobrecogiendo el ánimo argentino.”

Junto a una foto en la que se ve a varias mujeres se lee: “Ola de atentados: anoche fueron 6 atentados en Barrio Norte. Antes, una salvaje demostración que mató y mutiló a militares y civiles. Las bombas son plato diario del nacional.” Otra foto, a dos columnas, retrata a una señora, acompañada de otras mujeres, bajo el titulo: “El país que dijo adiós al bife. La madre intenta explicar a sus hijos: no hay carne.” La central fue patética: como era el primer día de clase, mostró una serie de fotos de edificios escolares desvencijados, derruidos, por la falta de manutención estatal.

El ejemplar Nº 6 del lunes 22 de marzo de 1976 llevó en la tapa una volanta y un título catástrofe: “Un récord que duele: cada 5 horas asesinan a un argentino” y a renglón seguido “Terrorismo: sigue la escalada de crímenes.” Una gran foto del teniente general Jorge Rafael Videla, rascándose la punta de su bigote, ilustra el comentario que informa que junto a sus pares, el jefe del Ejército continua “analizando el desenlace de la crisis político-institucional que afecta a la republica.” Al lado de esa foto otro título: “Matan a Santillán.”

En la página 2, la habitual columna de Horacio de Dios tuvo un final angustiante. Luego de referirse a que “no sólo de elecciones vive la democracia” y a “la sangre que sigue corriendo a raudales” en el país, continúa: “La hiperinflación ha llegado a la violencia. Los records de asesinatos y bombas sólo pueden compararse a los alcanzados por los precios. Dos formas del terror que pueden convertir al cuarto oscuro en un espejismo de cartón pintado...”.

“Terrorismo: Se acentuó la escala asesina. Acuartelamiento de la policía bonaerense”, fue otro de los títulos de tapa en los días previos al miércoles 24.

El día del golpe, el vespertino tituló: “Prestó juramento la Junta Militar, para reorganizar a la Nación.”

Otro: “Videla denunció una campaña de difamación.” Y con letras mayores informaba sobre la “Vigencia de Derechos Humanos”.

Luego del golpe, en su ejemplar Nº 10, con fecha 26 de marzo de 1976, a toda página anunció: “Videla es Presidente.”

Una foto muestra a Jorge Rafael Videla con uniforme de verano haciendo el saludo militar con los ojos entreabiertos. No se sabe si la foto poco propicia era una crítica a lo que se vivía, o que ya había comenzado la tarea de desgaste a Videla por parte del almirante Emilio Eduardo Massera.

A una columna y con el titulo “Numerosos detenidos”, se publica el listado de los dirigentes justicialistas detenidos, llevados a los buques “Bahía Aguirre” y “Ciudad de Buenos Aires”. Para dar un poco de optimismo a los lectores se informa que existe “normal abastecimiento” en el país.

Adentro, en la página 4, se acentúa el optimismo: “Sorpresa, hay alimentos y a menor precio”.

La contratapa no tiene parangón. Tituló a cuatro columnas que “EE.UU. reconoció a la Junta y llega crédito del FMI”. Y el artículo siguiente, con foto, informó: “Phillipeaux detenido cuando fugaba”. Trata sobre el teniente coronel (R) Adolfo Phillipeaux, ex Secretario de Deportes, detenido cuando intentaba fugarse a Chile portando armas de guerra y 100 millones de pesos (el dólar paralelo se cotizaba a razón de 35.000 pesos por dólar). Muchos comunicados encontraban lugar en el vespertino.

También otros que informaban sobre “Ex diputados detenidos. Abal Medina dirige célula extremista”.

Lo que a todas luces era una gigantesca mentira.

A principios de agosto, “La Tarde” seleccionó cuatro ciudadanos “notables” para los argentinos: El general Antonio Domingo Bussi; monseñor Vicente Zazpe; el cardiólogo René Favaloro y el Ministro de Educación, Ricardo Bruera, simplemente por enaltecer los “objetivos y sentimientos comunes a todos los habitantes del país.”

El 7 de agosto de 1976, en un accidente de avión, murió “Dudy” Graiver, el socio capitalista de Jacobo Timerman. A lo pocos meses dejó de salir “La Tarde”. Y en abril de 1977 se destapó la conexión financiera entre la organización Montoneros con Graiver, en el que éste aparecía administrando fondos logrados a través de secuestros, robos y crímenes. Lo que dio en llamarse “el caso Graiver”.

El jueves 18 de marzo, el embajador Guillermo de la Plaza envió desde Uruguay el cable Nº 217 “Secreto” informando al canciller Raúl Quijano que en ocasión de la celebración del aniversario de la Fuerza Aérea uruguaya, el ministro del Interior, general Linares Brum le dijo en un aparte, confidencialmente, que su área recomendó a los medios locales “no difundir noticias e informaciones de la Argentina que carezcan (de la) necesaria prescindencia y mesura informativa. Me dijo (que el) proceso (de) nuestro país y sus características corresponden exclusivamente a (la) voluntad de los argentinos. Expresó además que el gobierno oriental no desea (que los) medios informativos locales se conviertan en factor de perturbación dentro (de las) actuales dificultades (de) nuestro país, entendiendo cumplir así su deber respecto (a) dos naciones fraternalmente vinculadas.”

El viernes 19 de marzo, Carlos Perette cumplió su rutina de las últimas semanas. El jefe del bloque de senadores radicales tenía una gran relación con los representantes de las Fuerzas Armadas en el parlamento. Con uno de ellos llegó a un acuerdo:

- “Mirá, le dijo, vos sabés que todos los viernes viajo a Entre Ríos a ver a mi madre y vuelvo los martes a la mañana. Te pido que si va a ocurrir algo el fin de semana me lo digas, así me quedo.” Y a continuación le hizo una pregunta que reiteraba desde algunas semanas antes: “¿Puedo viajar?”

- El oficial le preguntó: “¿Cuándo volvés?”.

- “El martes a la mañana”, respondió Perette.

- “Si volvés el martes a la mañana, andá nomás. [21]”

# Una carrera contra reloj. Casildo Herreras huyó.

Testimonio de María Cristina Guzmán: conversación con el diputado Nicasio Sánchez Toranzo. La última oportunidad.[22]

El sábado 20 de marzo murieron asesinadas 16 personas en distintos lugares de las provincias de Buenos Aires, Mendoza y Santa Fe.[23] “Clarín”, del domingo 21, informó que “la intensidad de la crisis originó una febril carrera contra el reloj.”

El lunes 22 de marzo, después de más de dieciocho años de exilio, el empresario Jorge Antonio volvió a su país[24]. Horas más tarde, dio una conferencia de prensa en un hotel céntrico de Buenos Aires. El viejo amigo de Juan Domingo Perón dijo: “Si las Fuerzas Armadas vienen a poner orden, respeto y estabilidad, bienvenidas sean.” Señaló, entre los aplausos de los asistentes, que venía a sumarse al “movimiento nacional que necesita el país” y aseguró que “cuando se restablezca el orden habrá trabajo para todos.”

Explicó que su amigo Juan Domingo Perón había retornado en 1973 “...pero era un hombre mayor y enfermo y fue rodeado por una verdadera banda de delincuentes que se ocupó de intereses personales y de grupo”. Como era su costumbre, insistió en “la oferta de capitales árabes”.

Finalizó diciendo que volvió cuando muchos “desean irse...cuando otros escapan.” Precisamente, la tapa de La Nación del martes 23 de marzo de 1976, informó que el dirigente Casildo Herreras, secretario general de la CGT, había viajado al Uruguay. Cuando el periodismo lo encontró, solo comentó “no se nada, me borré.” [25]

El 21 de marzo cayó domingo. El principal título de la tapa de “La Nación” fue: “Aniversario de Granaderos. Con una ceremonia se celebraron los 164 años de la unidad. Ante las autoridades civiles, diplomáticas y militares, el coronel Rodolfo Wehner despidió a los conscriptos de la clase 1954, dijo: “En pocos días más regresarán a la vida civil. Algunos de vosotros habéis tenido vuestro bautismo de fuego, con vuestros jefes, oficiales y suboficiales a la cabeza. Lamentablemente, vuestra lucha ha sido contra delincuentes que asesinan a mansalva e indiscriminadamente, pretendiendo que ésta sea una guerra en su acepción más pura, utilizando los procedimientos más viles.”

Desde el bloque de los partidos provinciales, planteamos el juicio político a Isabel Perón, en la convicción que era la única herramienta válida para poner en marcha los mecanismos institucionales y parar el golpe militar. La personificación del disloque político, económico y social que vivíamos, era la entonces presidenta. Su remoción y la asunción de Ítalo Luder era el camino que surgía de la propia Constitución Nacional.

Mantuvimos arduas conversaciones con todos los bloques. El radicalismo finalmente decidió acompañarnos. En el peronismo el grupo denominado “Mesa de Trabajo”, que era “semi disidente” del oficialismo, a través del diputado por Santa Fe, Luis Sobrino Aranda, me aseguró hasta el momento de sentarse en su banca que apoyarían pero cuando debió fijar posición en el recinto, se expresó por la negativa. "¿Qué pasó en ese corto lapso? Nunca lo supimos, en la impunidad de la charla de café se dicen y comprometen posiciones que luego no se sostienen por conveniencia o por temor. Cuanto nos hubiéramos ahorrado ..."

La otra salida era la renuncia de la Presidente. Los días previos al golpe, en el día de Granaderos, al acto oficial concurrimos los miembros de la Comisión de Defensa y las autoridades de ambas cámaras. El Diputado por Salta, Nicasio Sánchez Toranzo, presidía la Cámara de Diputados. Nos teníamos confianza y respeto.

En un momento nos apartamos a conversar y me pregunto si creía que había una forma de parar el golpe, y le dije “Vea Don Nicasio, ya fracaso el juicio político, sólo queda la renuncia de la señora y que Luder asuma. Los militares no harán nada si damos una solución institucional. Sin Isabel”.

Don Nicasio, con su voz pausada , provinciana, firme, me expreso: “Yo hable con la señora pero no renunciará. Ella no advierte la seriedad de la situación. Por otra parte, Luder no quiere asumir, dice que no quiere que lo consideren un traidor al peronismo. Me temo que estamos perdidos”.

En el mismo momento en otra rueda de la misma reunión, el Cnel Whener, Jefe de Granaderos, decía que si ocurría algo cuando él tuviera a su cargo la custodia presidencial, asumiría su deber y defendería a la presidenta. Sin duda, la firmeza de este militar hizo que el día del golpe forzaran “elegantemente” a Isabel Perón para que saliera hacia Olivos en helicóptero. Esta fue la ultima reunión oficial antes del golpe.

Otro título de “La Nación” del 21 de marzo informó: “Doce personas asesinadas en el interior.” Luego, con foto y a tres columnas, se regocijaba con la “victoria de la Argentina ante la Unión Soviética”. En esa época, “La Nación” todavía no tenia un suplemento deportivo, por lo tanto se remite a la página 16 del cuerpo principal, agregando que Mario Kempes había sido el autor del gol de la victoria.

El equipo argentino conducido por César Luis Menotti se preparaba para el Mundial de 1978. Para “Clarín” el título a toda página de ese domingo fue: ”Se esperan definiciones a la crisis” y un copete que decía: “El deterioro económico social y la nueva y luctuosa escalada de violencia llevaron a la situación política a un punto límite”. En otro título, también a toda página, informó: “Asesinan a 16 personas”.

En la página 6 de la edición dominical, apareció Alvaro Alsogaray cuestionando la posibilidad de un golpe militar: “Nada sería más contrario a los intereses del país que precipitar en estos momentos un golpe. ¿Por qué habría un golpe de Estado de liberar a los dirigentes políticos de su culpabilidad? ¿Por qué transformarlos en mártires incomprendidos de la democracia, precisamente en el momento en que se verán obligados a declarar su gran fracaso?"

La sección Espectáculos informaba sobre el sepelio del director de cine Lucino Visconti , en Italia. “Los verdes están en el campo”, la obra que ofrecía Gerardo Sofovich en el Maipo, contaba con la participación de Norma y “Mimí” Pons, Javier Portales, Tristán y Mario Sánchez.

Para “La Opinión” el título principal fue: “(Carlos) Perette responsabilizó de la crisis al gobierno”.

En un recuadro titulado “Balance”, el matutino de Jacobo Timerman, informó que “en esta tercera semana de marzo, cada cinco horas un hombre era ultimado en algún lugar del país”.

“Reflexión” fue el título de otro recuadro, en el que se habló de la vida del Libertador José de San Martín y su lucha por la Independencia y dice en uno de sus párrafos: “Sólo ganando esa guerra se aseguraba a los argentinos lo que la política no había podido ni estaba en condiciones de darles: libertad y seguridad...llegó al país para la guerra, y se lanzó a la guerra sin prejuicios y timideces.” Está claro que miraba a José de San Martín pero hablaba del presente que se vivía, 72 horas antes del golpe militar.

El 22 de marzo de 1976 cayó día martes. Desde Córdoba, Francisco “Paco” Manrique pronosticó: “Aquí han quedado sólo dos alternativas. El triunfo de la guerrilla con un gobierno que prácticamente se está dando la mano con ella aunque parezcan enemigos, o lo que yo llamo la solución heroica, que es el pronunciamiento militar”.[26]

Un día insólito y violento: Néstor del Río, dirigente de la Asociación de Trabajadores No Docentes de la Universidad Nacional del Sur estuvo a punto de ser secuestrado en plena calle de Bahía Blanca. Lo salvó un grupo de vecinos de barrio Comahue, pero sin embargo tuvo que ser hospitalizado por las serias heridas que recibió.

El 21, un grupo de encapuchados entró al hospital, exigió a las enfermeras que le indicaran la habitación de Del Río y lo liquidaron de seis balazos con calibre 45, ante el pánico general. Mientras tanto se especuló en los medios que el Senado debia definir en el curso de la semana un proyecto de ley de Defensa Nacional que incluyera la pena de muerte, remitido por el Poder Ejecutivo.

Se hablaba de la dimisión de Isabel Martínez de Perón y, simultáneamente, de todo su gabinete. Otra versión sostenía que renunciarían los comandantes generales de las Fuerzas Armadas. Más voces sostenían que era inminente un pronunciamiento militar, e “informantes oficiosos” dejaban trascender que el Regimiento 6 de Infantería, de Mercedes, había dejado el cuartel “con rumbo desconocido”. El general (R) José Embrióni, intendente de Buenos Aires, presentó su renuncia a la presidente “para facilitar las decisiones que estime conveniente tomar”.

Nadie se la había solicitado, aunque después se supo que se debió a las fisuras creadas por los problemas de desabastecimiento y control de precios, aunque trascendió que sería designado embajador en España. Las casas de cambio no daban para sustos, se hablaba a voz en cuello de cesación de pagos y no entraban dólares por el mal desenvolvimiento del sector externo. El dólar llegó a m$n 29.000.

La revista brasileña “Veja” informó sobre un reciente acuerdo de consultas entre Brasil y los Estados Unidos. En el mismo artículo reveló pensamientos del secretario de Estado, Henry Kissinger: Si los Estados Unidos fomentasen una América latina fuerte y unida estaría cometiendo “suicidio” o una forma de “masoquismo”.

“La Opinión”, del 23 de marzo, tituló “Mañana se cumplen 90 días de la apelación de Videla” (en Tucumán).

”Es inminente el final. Todo esta dicho”, tituló la quinta edición de “La Razón”.

“Todo está dicho pero el país sigue...nada se termina ni nada empieza, es una marcha [27]”, respondió Balbín esa tarde cuando salió de la reunión multipartidaria.

“Desconcierto”. “Incertidumbre”. Son palabras que están en casi todos los diarios del 23 de marzo. Se hablaba de formar una comisión bicameral para conciliar un programa económico y social y el Congreso estaba casi deshabitado.

“No quedan ni los pungas” en la zona del Congreso, informó un matutino. La gran mayoría de los legisladores vaciaron sus escritorios, carpetas y retiraron sus heladeras portátiles.

-“¿Su impresión sobre la actualidad nacional, ministro Mondelli?”

- “¿De qué?”

- “De lo que se dice, de lo que está pasando, ministro.”

- “Y yo qué sé. Yo no soy militar. Yo he sido civil toda mi vida. Qué sé yo.”[28]

A esa altura del día, ya había desplazamientos de tropas por los alrededores de Buenos Aires. Todas las miradas confluían hacia las Fuerzas Armadas.

# El final: Los encuentros con los comandantes generales. “La perdiz cayó en el lazo.” Las últimas horas de Isabel Perón en la Casa Rosada.

“La crisis alentaba el golpe militar, que a su vez ahondaba la crisis en una clara relación acumulativa. No es que la amenaza de golpe provocó la crisis sino que los últimos vestigios de autoridad se diluían ante el anunciado golpe”, meditó José Alberto Deheza, ministro de Defensa, la tarde del lunes 22 de marzo de 1976.[29] Por lo tanto, al día siguiente les iba a pedir una clara definición a los comandantes generales.

A las 11 de la mañana del martes 23 se reunió con los jefes militares y les dijo: “Todos los diarios de la mañana coinciden en señalar que hoy es el día de las grandes decisiones, así también lo entiende el gobierno en cuyo nombre les pido una definición sobre la inminencia del golpe militar.” Luego, pasó a leerles un documento con sugerencias de las Fuerzas Armadas que el gobierno había recibido el 5 de enero pasado.[30] Los tres comandantes respondieron que el documento contenía sugerencias y no una exigencia de las FF.AA.

“Una minuta” contiene, además de las palabras del ministro, otras revelaciones. La respuesta que formuló, en nombre de los tres, el almirante Emilio Eduardo Massera: “Señor Ministro. Si usted nos dice que la señora presidente está afligida y acorralada por el gremialismo. Si, además, nos sondea para ver cómo podemos ayudarla. Nuestra respuesta es clara: El poder lo tienen ustedes. Si lo tienen úsenlo, si no que la señora presidente renuncie.”[31] La reunión se levantó y los comandantes se reunieron para deliberar en sus propios comandos.

El 23 de marzo de 1976 cayó un martes. Fue caluroso: la temperatura máxima marcó 29º. La palabra golpe era algo habitual, común, todo el mundo lo hablaba. Por ejemplo, en esas horas, el embajador de carrera Hugo Juan Gobbi[32] fue al bar “La Biela” para conversar con su amigo Rafael Andrés Perrotta, director de El Cronista Comercial.

Antes de que llegara su amigo, se encontró inesperadamente con Jacobo Timerman, de “La Opinión”, acompañado por su mujer y uno de sus hijos. En el corto diálogo, el director del matutino le anticipó: “Este golpe va a ser muy serio porque está muy influido por la Marina”. Gobbi, astuto, sólo le respondió: “Cuidado, la burguesía alemana también quería orden en 1933”.

# Los títulos de las tapas de los matutinos informaban:

- “La Nación”: “Aguárdanse decisiones en un clima de tensión”. En un recuadro se trataba el “éxodo sindical ante hechos imprevisibles”. “FF.AA.: Jornada de expectativa”. Bajo el título, “Fue asesinado el secretario de la FOTIA”, se informó del asesinato del dirigente tucumano Atilio R. Santillán. Tenía 41 años. Muchos años más tarde se conoció que el asesino fue el terrorista del ERP, “Ricardo”, “Pelado”, Enrique Haroldo Gorriarán Merlo. El escopetazo fatal fue disparado dentro de la boca. “Un paro de trenes por 48 horas” y “Grave y confuso tiroteo hubo en La Plata”, completaban la entrega.

- “La Opinión”, no le iba a la zaga. Con dramatismo tituló: “Una Argentina inerme ante la matanza”: “Desde el comienzo de marzo hasta ayer, las bandas extremistas asesinaron a 56 personas; desde el 1º de enero, a 152.

- “La Prensa”, citando estadísticas provenientes de las fuerzas de seguridad, señaló en la víspera que "el terrorismo ha causado 1.350 muertes desde el 25 de Mayo de 1973.” En un recuadro a dos columnas informó: “Mañana se cumplen 90 días de la apelación de Videla.” A tres columnas dijo: “La Presidente reunió al gabinete en su despacho.” También, a tres columnas, informó que había movimientos de tropas del Regimiento 7 de Infantería (La Plata) y de la Infantería de Marina. En la sección Economía, el diario pronosticó un récord mundial para la Argentina, en base a los resultados de estadísticas oficiales: 1.100 % de inflación para el año 1976.

-- “Inminencia de cambios en el país” tituló “Clarín”. “En La Plata, son rechazados varios ataques de extremistas”. Dos fotos de tapa dominaban la edición Nº 10.794: la de la esposa de Atilio Santillán, en estado de crisis, ante la noticia del asesinato de su esposo, y otra que muestra al director técnico de la selección argentina, José Luis Menotti, disputando una pelota con Trobbiani y




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http://www.sintesiscorrientes.com/notix/noticia/00450_cuando_hector_timerman_era_el_editor_preferido_de_massera-6.htm